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viernes, 22 de febrero de 2013

Lugar para perderse

 Bután, viaje a la felicidad


De un tiempo a esta parte, cada vez son más las personas que -redirigiendo sus miradas- están prestando gran atención a un minúsculo enclave situado en el centro del Himalaya. Se trata del  Reino de Bután, al que muchos conocen ya como el “reino de la felicidad”. Sin duda, una luz viva de ideas y acciones que pueden iluminar en la oscuridad de la terrible crisis de las sociedades consumistas, en la nueva y necesaria era del posmaterialismo. 



Este pequeño país de 700.000 habitantes nacido entre los dos Estados más poblados de nuestro planeta -la India y China- se caracteriza por su sólida tradición budista, y destaca sorprendentemente por su increíble salto evolutivo. A pasado de un retraso en su modernización y un subdesarrollo cercano a la Edad Media, directamente al siglo XXI como si de una elipsis temporal se tratase. Sus propias circunstancias le han valido para mirar desde lejos a otros países, consiguiendo en unas pocas décadas aprender de los errores de aquellos que solamente se han esforzado por lograr el progreso económico. 

En este sentido, Borja Vilaseca en su libro El sinsentido común señala que “en la medida que aprendemos a ser felices por nosotros mismos, nuestro bienestar se asienta y se expande al ser cómplices de la felicidad de los demás”. Y continúa: “Inspirados por la filosofía del posmaterialismo, cada vez más seres humanos estamos buscando la manera de servir a otras personas, contribuyendo con nuestro granito de arena a mejorar la sociedad de la que todos formamos parte”. 

Yendo un poco más allá, y de acuerdo con la descripción que ha expuesto el economista Jeffrey Sachs tras su visita a Bután, “la economía agrícola y monástica del país fue autosuficiente, pobre y aislada hasta hace pocas décadas, cuando una serie de monarcas excepcionales empezaron a guiarlo hacia la modernización tecnológica (con caminos, electricidad, atención médica moderna y educación), el comercio internacional (principalmente con la vecina India) y la democracia política“. Para Sachs, lo verdaderamente increíble de su evolución ha sido y es la actitud reflexiva con la que el reino al completo aborda este proceso de cambio, y cómo el pensamiento budista ha conducido y conduce esa actitud. 

En palabras de Borja Vilaseca, “tanto es así que ya empieza a hablarse por todo el mundo de “la economía de la felicidad”, cuya principal premisa es que el Producto Interior Bruto (PIB) es un indicador limitante y obsoleto para medir y valorar el verdadero progreso y desarrollo de un país”. Sobre esto, y aunque todavía queda muchísimo camino por recorrer, expertos economistas -como  Richard Easterlin y Richard Layard- están estudiando de qué manera pueden crearse y utilizarse indicadores posmaterialistas. 


“Bután ha sido el primer Estado en cuestionar los indicadores 
económicos tradicionales, 
creando una alternativa basada en el indicador de la Felicidad Interior Bruta (FIB)” 


Ante este dilema, el Reino de Bután se adelantó, reflexionando y actuando sobre el quid de la cuestión. Es decir: ¿Cómo se puede combinar la modernización económica con la solidez cultural y el bienestar social?”.

De esta manera, el pequeño “David” asiático ha sido el primero en lanzar la piedra, cuestionando los indicadores económicos tradicionales, como el PIB. Y ha creado una alternativa tremendamente interesante basada en el indicador de la Felicidad Interior Bruta (FIB). Este desconcertante y revolucionario medidor se centra en diversos elementos como el acceso de los ciudadanos a la asistencia sanitaria y a la educación, la conservación de los recursos naturales del país o el tiempo que puede disfrutar una persona con su familia. En definitiva, planta cara al dogma y a los principios tradicionales del crecimiento. 

Más concretamente, y según explica Vilaseca, “el índice combina siete ámbitos de bienestar: físico, mental, ambiental, laboral, económico, político y social. Su promotor fue el monarca Jigme Singye Wangchuck, que desde el día de su coronación -en 1974- está apostando por un desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo, la promoción de la cultura, la conservación del medio ambiente y el buen gobierno como pilares de la felicidad nacional”.

Otra visión es posible

"Somos un país pequeño y queremos hacer las cosas así. No queremos enseñar nada al mundo. Hacemos lo que creemos que es mejor para nosotros. Y si el mundo cree que hay algo que aprender, es más que bienvenido", afirma el ex ministro Lyonpo Thinley Gyamtso. Y es que resulta evidente que no es nada fácil implantar la experiencia y el modo de hacer de este reino al resto de países y economías capitalistas. Sin embargo, y en opinión de Borja Vilaseca, “el nuevo paradigma ha dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad. Si bien como civilización hemos alcanzado la cima material, desde la perspectiva posmaterialista está todo por hacer”. 





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